La luna llena le iluminaba el camino. La capucha la protegía de miradas inquisitivas, mientras sus pies ligeros parecían hacerla flotar sobre el lodo. Recorrió callejones y se abrió paso entre un mar de gente que, como ella, quería pasar desapercibida.
¿Quieres oro fácil?
Encuentra el lugar que no es banco, aunque guarda fortunas;
ni mercado, aunque allí cambian muchas manos.
Su nombre es lo que queda cuando ya no queda más que una.
No busques mientras el conejo duerme.
Espera a que la luna vuelva a ser redonda.
Cuando den las doce, sigue el salto de su sombra.
Entonces encontrarás La Última Moneda.